Así se fabrica un culpable en México

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Un presunto culpable.

En su afán de encontrar culpables ante el aumento desmedido de la delincuencia en algunas regiones de Jalisco, integrantes de la Fuerza Única Regional (FUR) convierten a comerciantes o ciudadanos en “peligrosos delincuentes” en menos de 24 horas, como ocurre en la región Valles. Uno de estos casos es el de Martín González Moreno, un comerciante de 43 años, oriundo de Tala, detenido el 18 de septiembre de 2014 bajo el cargo de ser el líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en ese municipio.Su esposa, Edna Lizette Vega Ramos, afirma que en menos de 72 horas los agentes de la FUR convirtieron a Martín González Moreno en un delincuente peligroso y “desbarataron” la vida de ambos.
“A Martín se lo llevaron como a las 8:30 de la noche del 18 de septiembre del año pasado. Yo llegué cerca de las 10 a la casa y lo busqué, pero no estaba.
“Yo estaba embarazada. Observé que había algo extraño en la vivienda, pero mi esposo nunca apareció. Entré en shock al presentir que algo grave había ocurrido con él y empecé a sentir cómo la bebé se me movía mucho en el vientre. Me puse como loca y unos familiares le hablaron a la policía; me dijeron que revisara todo. Luego llegaron mi cuñado y mis primos, que trataron de calmarme.”
Añade que, como no se sentía segura en su casa se fue a la de sus padres. Tres días después supo que Martín estaba detenido en la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) en la Ciudad de México.
“Él me habló hasta el domingo en la madrugada –recuerda– y me pidió que en forma urgente buscara a un abogado para que lo defendiera.”
Al día siguiente, prosigue, “llegamos a la SEIDO y me lo negaron, dijeron que no estaba en ese lugar y que volviéramos después. Les mencioné que él me había hablado para decirme que ahí estaba y el abogado metió un escrito para que no me pudieran negar el poderlo ver, pero luego me aclararon que ya no estaba en esas instalaciones, que lo habían trasladado a la cárcel de alta seguridad de Perote, en Veracruz”.

Ya lo habían internado en el Centro Federal de Readaptación (Cefereso) número 5, ubicado en Perote, sin permitirle defenderse ni llamar a su abogado. La señora Vega Ramos puntualiza:
“Les reclamé y pregunté por qué lo trasladaron. Les exigí que me dijeran de qué lo acusaban y me informaron que para conocer esos detalles tenía que regresar a Guadalajara y buscar su expediente en uno de los juzgados penales del núcleo penitenciario de Puente Grande.”
Entonces fue a esa prisión a buscar el documento, y así se enteró que Martín estaba acusado de delincuencia organizada, robo de combustible y narcotráfico. Los cargos se fueron diluyendo, excepto el de portación de droga para la venta. “Supuestamente se le encontraron varios gramos de crystal para fines de venta, o sea narcotráfico, pero es mentira”, sostiene la señora.
Relata que, “cuando Martín ve a los agentes que llegaron a la casa, él estaba a punto de guardar los carros que tenía a la venta y refiere que observó varias patrullas. Él salió y les dijo a los policías de la FUR en qué les podía servir y ellos le preguntaron si ya sabía a qué iban”.
González Moreno respondió que no. Entonces, de una de las patrullas bajaron a un joven que traían todo golpeado y descalzo. Los policías señalaron a Martín y le preguntaron al otro si era él. Ese hombre les dijo que sí, “pero en realidad ni siquiera conocía a mi esposo”.
De todas formas los agentes “entraron por la fuerza a la casa, voltearon todo, buscaron en todos los rincones y no encontraron absolutamente nada relacionado con actividades ilícitas y menos de los asuntos por los que lo acusaban”.
Martín le reclamó al joven que lo señalara, sin conocerlo. Incluso le pidió que dijera su nombre y el muchacho golpeado callaba, pues no lo identificaba. Todo fue en vano.
“A mi esposo lo torturaron en la calle 14 (integrantes de la Fiscalía General del Estado) y (policías federales) en la SEIDO, en la Ciudad de México. Me contó que le aplicaban toques eléctricos en los testículos y le echaban agua mineral en la nariz; le decían que en la SEIDO ya tenían una tablita para hacerlo hablar y que tenía que firmar las declaraciones de todo lo que le estaban imputando, pero Martín nunca firmó.”
Y reitera: “Mi esposo no está relacionado con ningún grupo de delincuentes, trabaja de manera honrada: tiene un negocio de celulares desde hace más de 15 años en Tala y se dedicaba a la compraventa de carros que traía desde California; él mismo los legalizaba para venderlos”.
En las declaraciones ministeriales de los agentes estatales que lo detuvieron hay varias contradicciones. Por ejemplo, tres de ellos dicen que lo aprehendieron cuando iba con otros sujetos en un convoy sobre la carretera Guadalajara-Teuchitlán.
Edna Vega Ramos comenta que en la versión de los policías, “los detenidos viajaban en varios vehículos y les parecieron sospechosos cuando avanzaban en varias camionetas… notaron nerviosismo y les marcaron el alto. Cuando los revisaron y les pidieron que abrieran la puerta de la camioneta (BMW) en la que supuestamente viajaba Martín, vieron que llevaba una pistola en la cintura y que en la parte de atrás del vehículo iba una mujer. Argumentaron que en la camioneta encontraron decenas de envoltorios que contenían mariguana, que llevaba armas”.
Pero ella sostiene que eso es falso: “La camioneta BMW es de mi propiedad y el día de los hechos estaba estacionada en mi casa, es la que yo uso. No es cierto que iba en un convoy, es más, estaba cargada con piso que acabábamos de comprar en Guadalajara para la construcción de una casa. Esa mercancía se la robaron los policías porque no volvimos a ver esas cajas”.
Otra contradicción es que uno de los agentes asegura que la detención de Martín se realizó en la carretera a Cuisillos, en un rumbo opuesto a donde supuestamente interceptaron el convoy.
En el interrogatorio realizado el pasado miércoles, el Ministerio Público dice que sólo le pusieron a disposición las armas y la droga, más nunca vio a los detenidos y que a ellos se los llevaron a la calle 14 a la fiscalía. En las siguientes imágenes se muestra la bitácora de los detenidos el día que dicen que Martin estuvo ahí, y en ninguna lista aparece , ni en la de Tala Jalisco, ni en la calle 14 que es dónde lo torturaron por días.

Incluso se hizo una petición de vídeo a la Fiscalía para corroborar que Martín estuvo en la calle 14 y la respuesta fue que el material ya había sido borrado.

Vega Ramos describe el Cefereso: “Es un penal gris. Desde que llegas te das cuenta de que ingresas a un lugar perdido en la niebla, alejado de todo. Hace mucho frío y ahí muy pocas veces sale el sol, siempre hay niebla”.
De Xalapa, la ciudad más cercana, toma 35 minutos llegar en autobús a la cárcel de Perote. La gente conoce el tramo como “la ruta de la niebla”, pues a veces sólo se ve a menos de un metro. Una vez ahí, hay que soportar el trato despótico de los custodios.
Para ver a su esposo, la señora debía presentar tres cartas de recomendación y le rechazaron una. Cuando le dijo al burócrata que iba desde Guadalajara y no podía conseguir otra misiva al momento, aquél le contestó: “.a mí no me importa”.
Además, comprobó que la comida es escasa, sin sal, y las tortillas se sirven frías. “Mi esposo bajó 18 kilos mientras estuvo ahí: pesaba 90 kilos y llegó a 72”, comenta.
Para colmo, prohíben usar prendas abrigadoras, incluidos guantes y gorros. “A pesar del frío que hace en la zona, a los familiares sólo se les permite portar una chamarra. Y si la prenda no cumple las especificaciones que ellos marcan, te la quitan si quieres entrar. Pero parece que ellos están en el Polo Norte: siempre andan bien cubiertos”.
En enero de 2015 la familia logró que Martín fuera trasladado a Guadalajara, con lo que mejoró su condición, en especial por el clima. Comenta que ese cambio es sólo una parte de la lucha por la libertad de Martín

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