Más Prozac para la sociedad por "mal humor" Presidente?

en Editorial

¿Así, o más Prozac para los mexicanos?
POR GLORIA SERRANO

¿Así, o más Prozac para los mexicanos?
“Parece claro que habría que hacer periodismo contra la demanda más primaria del público: contra el público. Que periodismo no sólo es contar las cosas que algunos no quieren que se sepan. Que periodismo es, cada vez más, contar las cosas que muchos no quieren saber. Porque creen que no les interesa. Porque no se pusieron a pensar en ellas. Porque nadie se las contó bien”. Eso dice el cronista argentino Martín Caparrós, y el filósofo francés Michel Serres afirma que esto se trata de “anticiparse, de prever lo que va a pasar. De percibir cuando un acontecimiento novedoso está sucediendo. Y para eso hace falta una calma, una atención, un oído tan atento que sea sensible al menor ruido porque lo nuevo no hace mucho ruido, es muy, muy discreto. Los grandes inventores son gente que, sin duda, tiene un oído enorme y practica el silencio divino”.image

Así que haciendo una amalgama de ambas ideas, les contaré cosas que -quizás- no quieren saber porque -quizás- creen que nos les interesan y porque este escribir mío y este leer suyo debe servir para anticiparnos y prever lo que va a pasar o, mejor dicho, lo que ya está pasando. Y cuando digo esto me refiero a lo sucedido en mayo de 2011 con los indignados en España y luego en septiembre con “Occupy Wall Street” (Ocupa Wall Street) en los Estados Unidos y al año siguiente con YoSoy132 en México, y ahora en París con NuitDebout (noche en pie, en francés) y también con los mexicanos que viven en el extranjero y no son ajenos a los desastres que ocurren en ese país que un día dejaron para estudiar, para trabajar, para “hacerse de más mundo” o porque, sencillamente, el que tenían se redujo a cuatro aprisionantes paredes debido a la inseguridad en sus ciudades de origen.

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A la mayoría les gusta la salsa Valentina, algunos se las ingenian para conseguir tlayudas oaxaqueñas o mezcal. Los que viven en Madrid, frecuentan restaurantes de comida mexicana como “La Bendita Gula”, “Mi Ciudad” y “El Chirrión”. Ese ser gregario -tipo muégano- característico de nosotros, de los mexicanos, también permanece en los que se fueron, por lo que entre ellos se buscan y cobijan al recién llegado, le hacen saber que es parte del clan y que, mientras se encuentre de este lado del charco, no estará solo. Siempre hablan de México (con alegría, con nostalgia, con indignación, encabronados) y en chats privados o grupos de Facebook difunden las noticias que consideran relevantes: el asesinato de periodistas como Francisco Pacheco, en Taxco, los avances en las averiguaciones del caso Ayotzinapa, las alertas de género emitidas en los estados, el listado de mexicanos que figuran en los Panamá Papers.

Una de las notas más frescas fue la publicada el 22 de abril por el diario holandés De Telegraaf, informando el retiro del fondo PGGM -también holandés- para la construcción del parque Eólica del Sur (el más grande de América Latina) en Juchitán, Oaxaca. “Terugtrekken PGGM domper voor México” es la frase que encabeza esta información.

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Pero no se limitan solo a eso. De hecho, llevan un rato organizando un entramado colaborativo alrededor de toda Europa. Han formado colectivos en París, Ámsterdam, Londres, Copenhague, Berlín. Obviamente no representan la totalidad de compatriotas ni de pensamientos en torno a una nación, pero no son pocos los que trabajan en red, sostienen asambleas y emprenden acciones conjuntas de protesta o para solidarizarse con diversas luchas sociales. El 9 de abril, por ejemplo, el colectivo Madrid43, en coordinación con Ritmos en Resistencia (RoR Madrid), “colectivo anticapitalista transnacional que utiliza la música de samba y baile carnavalesco como medio de acción política”, llevó a cabo una conferencia para compartir una breve sinopsis de M.I.E.D.O. (Medios, Impunidad, Estado, Democracia, Opacidad), el informe 2015 presentado por Artículo 19 sobre la situación del oficio periodístico en México, evento que se realizó, por cierto, en el Centro Social Okupado y Autogestionado (E.S.O.A.) La dragona.

En cuanto se enteraron que Diego Cruz Alonso, uno de los implicados en la violación de Daphne Fernández, en Veracruz, se encontraba en España -posiblemente en Madrid- cierto grupo de mexicanos no dudó en pegar una serie de carteles en puntos estratégicos de la capital española para señalar y poner en evidencia a este joven ahora prófugo de la justicia mexicana, buscado por la Interpol. Y durante la gira más reciente del presidente Enrique Peña Nieto por Europa, otros tantos colectivos emitieron comunicados, convocaron a marchas, ejecutaron performances y realizaron campañas en redes sociales, a fin de visibilizar la corrupción, la impunidad y la inseguridad prevalecientes en el país, opuestas a la imagen de bienestar que el gobierno mexicano pretende -habitualmente- mostrar en el extranjero. De la misma manera actuaron ante la decisión del Ejecutivo Federal de no prolongar los trabajos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investigaba la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

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Y sin embargo, sucedió igual que en 1968, tal como lo escribió Rosario Castellanos en su Memorial de Tlatelolco: “¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie. La plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo. Y en la televisión, en la radio, en el cine, no hubo ningún cambio de programa, ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete (pues prosiguió el banquete)”. Escasos medios nacionales -contados periodistas- dieron desabrida cobertura a esta movilización, mientras los diarios en Alemania y Dinamarca dedicaban buena parte de sus contenidos a contextualizar lo ocurrido en la calle y en el marco de una visita oficial. Un asunto que, si bien no es de extrañar, tampoco es para pasar por alto.

Pero quizás lo verdaderamente relevante sea la actitud de los propios ciudadanos que seguimos librando batallas encapsuladas: los homosexuales por un lado, las mujeres por otro, los indígenas por el suyo, las madres de los migrantes centroamericanos en el extremo opuesto. Nos ufanamos de salir a las calles y marchar victoriosos, pero poco hacemos por dar seguimiento a cada cuestión, por generar propuestas específicas y una auténtica agenda pública más allá de la mediática o de la establecida para servir a los intereses de altos funcionarios y partidos políticos. El saldo: primaveras color púrpura que duran un domingo, golondrinas que no alcanzan a hacer verano, tendencias (trending topics) en Twitter que luego serán sustituidas por otras del tipo #FelizMartes o #ComoPretextoVoyADecir.

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Es una realidad: el mundo no se detiene y tampoco va a esperar a que asumamos responsabilidades y dejemos, de una buena vez, de ingerir con sumisión esa dosis diaria de Prozac que las principales cadenas televisivas nos recetan a los mexicanos. Mientras escribo estas líneas, hoy martes 26 de abril, recibo la imagen -enviada por una joven mexicana en París- del periódico Le Monde que ayer lunes en su sección internacional publicó “Disparus d’ Iguala: l’Etat mexicain en accusation” (Desaparecidos de Iguala: El Estado mexicano acusado). Y pienso en las palabras de Martín Caparrós y en las de Michel Serres: “contar las cosas que muchos no quieren saber”; “(…) hace falta una calma, una atención, un oído tan at¿Así, o más Prozac para los mexicanos?
POR GLORIA SERRANO

¿Así, o más Prozac para los mexicanos?
“Parece claro que habría que hacer periodismo contra la demanda más primaria del público: contra el público. Que periodismo no sólo es contar las cosas que algunos no quieren que se sepan. Que periodismo es, cada vez más, contar las cosas que muchos no quieren saber. Porque creen que no les interesa. Porque no se pusieron a pensar en ellas. Porque nadie se las contó bien”. Eso dice el cronista argentino Martín Caparrós, y el filósofo francés Michel Serres afirma que esto se trata de “anticiparse, de prever lo que va a pasar. De percibir cuando un acontecimiento novedoso está sucediendo. Y para eso hace falta una calma, una atención, un oído tan atento que sea sensible al menor ruido porque lo nuevo no hace mucho ruido, es muy, muy discreto. Los grandes inventores son gente que, sin duda, tiene un oído enorme y practica el silencio divino”.

Así que haciendo una amalgama de ambas ideas, les contaré cosas que -quizás- no quieren saber porque -quizás- creen que nos les interesan y porque este escribir mío y este leer suyo debe servir para anticiparnos y prever lo que va a pasar o, mejor dicho, lo que ya está pasando. Y cuando digo esto me refiero a lo sucedido en mayo de 2011 con los indignados en España y luego en septiembre con “Occupy Wall Street” (Ocupa Wall Street) en los Estados Unidos y al año siguiente con YoSoy132 en México, y ahora en París con NuitDebout (noche en pie, en francés) y también con los mexicanos que viven en el extranjero y no son ajenos a los desastres que ocurren en ese país que un día dejaron para estudiar, para trabajar, para “hacerse de más mundo” o porque, sencillamente, el que tenían se redujo a cuatro aprisionantes paredes debido a la inseguridad en sus ciudades de origen.

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A la mayoría les gusta la salsa Valentina, algunos se las ingenian para conseguir tlayudas oaxaqueñas o mezcal. Los que viven en Madrid, frecuentan restaurantes de comida mexicana como “La Bendita Gula”, “Mi Ciudad” y “El Chirrión”. Ese ser gregario -tipo muégano- característico de nosotros, de los mexicanos, también permanece en los que se fueron, por lo que entre ellos se buscan y cobijan al recién llegado, le hacen saber que es parte del clan y que, mientras se encuentre de este lado del charco, no estará solo. Siempre hablan de México (con alegría, con nostalgia, con indignación, encabronados) y en chats privados o grupos de Facebook difunden las noticias que consideran relevantes: el asesinato de periodistas como Francisco Pacheco, en Taxco, los avances en las averiguaciones del caso Ayotzinapa, las alertas de género emitidas en los estados, el listado de mexicanos que figuran en los Panamá Papers.

Una de las notas más frescas fue la publicada el 22 de abril por el diario holandés De Telegraaf, informando el retiro del fondo PGGM -también holandés- para la construcción del parque Eólica del Sur (el más grande de América Latina) en Juchitán, Oaxaca. “Terugtrekken PGGM domper voor México” es la frase que encabeza esta información.

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Pero no se limitan solo a eso. De hecho, llevan un rato organizando un entramado colaborativo alrededor de toda Europa. Han formado colectivos en París, Ámsterdam, Londres, Copenhague, Berlín. Obviamente no representan la totalidad de compatriotas ni de pensamientos en torno a una nación, pero no son pocos los que trabajan en red, sostienen asambleas y emprenden acciones conjuntas de protesta o para solidarizarse con diversas luchas sociales. El 9 de abril, por ejemplo, el colectivo Madrid43, en coordinación con Ritmos en Resistencia (RoR Madrid), “colectivo anticapitalista transnacional que utiliza la música de samba y baile carnavalesco como medio de acción política”, llevó a cabo una conferencia para compartir una breve sinopsis de M.I.E.D.O. (Medios, Impunidad, Estado, Democracia, Opacidad), el informe 2015 presentado por Artículo 19 sobre la situación del oficio periodístico en México, evento que se realizó, por cierto, en el Centro Social Okupado y Autogestionado (E.S.O.A.) La dragona.

En cuanto se enteraron que Diego Cruz Alonso, uno de los implicados en la violación de Daphne Fernández, en Veracruz, se encontraba en España -posiblemente en Madrid- cierto grupo de mexicanos no dudó en pegar una serie de carteles en puntos estratégicos de la capital española para señalar y poner en evidencia a este joven ahora prófugo de la justicia mexicana, buscado por la Interpol. Y durante la gira más reciente del presidente Enrique Peña Nieto por Europa, otros tantos colectivos emitieron comunicados, convocaron a marchas, ejecutaron performances y realizaron campañas en redes sociales, a fin de visibilizar la corrupción, la impunidad y la inseguridad prevalecientes en el país, opuestas a la imagen de bienestar que el gobierno mexicano pretende -habitualmente- mostrar en el extranjero. De la misma manera actuaron ante la decisión del Ejecutivo Federal de no prolongar los trabajos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investigaba la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

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Y sin embargo, sucedió igual que en 1968, tal como lo escribió Rosario Castellanos en su Memorial de Tlatelolco: “¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie. La plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo. Y en la televisión, en la radio, en el cine, no hubo ningún cambio de programa, ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete (pues prosiguió el banquete)”. Escasos medios nacionales -contados periodistas- dieron desabrida cobertura a esta movilización, mientras los diarios en Alemania y Dinamarca dedicaban buena parte de sus contenidos a contextualizar lo ocurrido en la calle y en el marco de una visita oficial. Un asunto que, si bien no es de extrañar, tampoco es para pasar por alto.

Pero quizás lo verdaderamente relevante sea la actitud de los propios ciudadanos que seguimos librando batallas encapsuladas: los homosexuales por un lado, las mujeres por otro, los indígenas por el suyo, las madres de los migrantes centroamericanos en el extremo opuesto. Nos ufanamos de salir a las calles y marchar victoriosos, pero poco hacemos por dar seguimiento a cada cuestión, por generar propuestas específicas y una auténtica agenda pública más allá de la mediática o de la establecida para servir a los intereses de altos funcionarios y partidos políticos. El saldo: primaveras color púrpura que duran un domingo, golondrinas que no alcanzan a hacer verano, tendencias (trending topics) en Twitter que luego serán sustituidas por otras del tipo #FelizMartes o #ComoPretextoVoyADecir.

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Es una realidad: el mundo no se detiene y tampoco va a esperar a que asumamos responsabilidades y dejemos, de una buena vez, de ingerir con sumisión esa dosis diaria de Prozac que las principales cadenas televisivas nos recetan a los mexicanos. Mientras escribo estas líneas, hoy martes 26 de abril, recibo la imagen -enviada por una joven mexicana en París- del periódico Le Monde que ayer lunes en su sección internacional publicó “Disparus d’ Iguala: l’Etat mexicain en accusation” (Desaparecidos de Iguala: El Estado mexicano acusado). Y pienso en las palabras de Martín Caparrós y en las de Michel Serres: “contar las cosas que muchos no quieren saber”; “(…) hace falta una calma, una atención, un oído tan atento que sea sensible al menor ruido porque lo nuevo no hace mucho ruido”. Y pienso, entonces, que tal vez algo de lo nuevo sea esto que están haciendo los mexicanos en el extranjero, y que no estaría mal apagar la televisión y hacer un poquito de silencio para escucharlos. Aunque estén lejos, aunque creamos que no nos interesa, aunque -todavía- no hagan mucho ruido. Oír lo que no oyen los demás, “pies descalzos pisando terciopelo”, escribió Jaroslaf Seifert, un poeta que, además, era periodista.

– See more at: http://homozapping.com.mx/2016/04/asi-o-mas-prozac-para-los-mexicanos/#sthash.TRe4sUo8.dpufento que sea sensible al menor ruido porque lo nuevo no hace mucho ruido”. Y pienso, entonces, que tal vez algo de lo nuevo sea esto que están haciendo los mexicanos en el extranjero, y que no estaría mal apagar la televisión y hacer un poquito de silencio para escucharlos. Aunque estén lejos, aunque creamos que no nos interesa, aunque -todavía- no hagan mucho ruido. Oír lo que no oyen los demás, “pies descalzos pisando terciopelo”, escribió Jaroslaf Seifert, un poeta que, además, era periodista.

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