Brigada BRIC partiendo del Aeropuerto Internacional de Cancún a la CDMx.

Rescatistas de Quintana Roo de los primeros en reaccionar ¿Por qué?

en Editorial

Los destinos de Quintana Roo han evolucionado a una población conformada por migrantes que han encontrado en este punto de la república el centro para afincar su residencia posterior, e incluso, para finiquitar sus años de vida. En este conglomerado poblacional convergen personas con adiestramiento civil y de reacción inmediata en contingencias, en auxilio a la población civil, expertos en técnicas de salvamento, manejo del binomio canino, diestros en el uso de equipo y herramienta especializada y muy específica para actuar en este tipo de casos.

La mayoría de estas personas han vivido en carne propia la tragedia de un acontecimiento provocado por la magnitud de un fenómeno natural y ese es el factor inequívoco del por qué, cuando ocurre una tragedia tectónica o de afectación por precipitaciones pluviales y/o descontrol fluvial, actúan en consecuencia. Tan de inmediato como lo permiten las distancias y las tareas de reacción.

En México, diversas experiencias de desastres de gran magnitud ocurridos en las últimas décadas han marcado a muchas ciudades y regiones del país con relevantes implicaciones sobre la población, la infraestructura y los sectores económicos: el efecto de los sismos de 1985, las explosiones de San Juan Ixhuatecpec, en 1984 y Guadalajara, en 1992; el impacto de los huracanes Gilberto, en 1988; Gert, en 1993; Roxana, en 1993; Opal, en 1995; Paulina, en 1997; Stan y Wilma, en 2005; y otros sobre ciudades de Quintana Roo, Guerrero, Campeche, Chiapas, Veracruz, Tamaulipas y Nuevo León. También desastres recientes en Tabasco y Chiapas que muestran la alta vulnerabilidad de la población mexicana y sus estructuras frente a amenazas de origen natural. Las pérdidas de vidas humanas y del patrimonio productivo del país por este tipo de eventos registrados han sido significativos.

Tan sólo en los terremotos de 1985 se perdieron más de 10 mil vidas y el costo económico de sus efectos fueron equivalentes a poco más del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional para ese año. Hoy el territorio mexicano vive momentos de profundas transformaciones expresadas en el agravamiento de carencias acumuladas que se están convirtiendo rápidamente en factores de nuevos y mayores riesgos.

Durante las últimas décadas México ha disminuido los elevados ritmos de concentración de la población y la actividad económica en pocas zonas metropolitanas. Los flujos migratorios ya no son predominantemente campo-ciudad, sino que ahora existe una gran movilidad entre ciudades de diferente tamaño. Se han creado nuevos polos y regiones de crecimiento, existe una mayor participación de algunas ciudades y estados en la conducción de su desarrollo y un mejor aprovechamiento de los vínculos globales.

Lo ocurrido con el temblor del pasado martes y la decena de réplicas no es sino el sello de una tragedia, en el fúnebre sentido de la ironía por ocurrir en el mismo día que se registró el movimiento telúrico de 1985. Sin embargo, es claro que la tecnología permitió que el terremoto fuera el mejor registrado en video en la historia de la capital del país, el eje del quehacer nacional.

Miguel Sánchez Vidal, pintor, arquitecto, periodista con trayectoria en Morelos y Ciudad de México (donde nació) relata: “El temblor lo sentimos todos. En este momento es hora de evitar que los niños vean u oigan noticias porque puede hacerles creer que sigue pasando. Si tu hijo se siente asustado o con miedo invítalo a dibujar todo lo que siente y piensa”.

El cronista de nota roja también propone que a los niños se puede explicar que la Tierra tiene capas, como un rompecabezas que se tienen que acomodar y por eso la Tierra se mueve, para reacomodarse. “Hay que ocuparlos fomentando el valor de la empatía y la solidaridad”.

Crítico, señala que la ignorancia al igual que el miedo son contagiosos. “Virales” en los tiempos de la tecnología del siglo 21. “Lamentablemente hay agoreros del caos que han salido a difundir mentiras disfrazadas de verdades científicas”.

Ángel Vega y Pedraza, escritor, novelista, periodista y bombero en su juventud en la Ciudad de México, su entidad natal; añade que no se comparta información no oficial que sólo contribuye a generar miedo. Explicar que las cadenas religiosas tal vez sean bien intencionadas, pero en cierta medida también sirven para exacerbar el miedo catastrofista. “Y los memes, caray no se vale. Si no ayudamos, al menos no estorbemos. La verdadera catástrofe es la desinformación y la información falsa, no sólo es falsa, es malévola. Hoy volvió a amanecer, lamentablemente no para muchos mexicanos. En su memoria, al menos, el país tiene que madurar”.

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