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La democracia es del pueblo, pero no. El referéndum de Cataluña que España quiere negar

Textos y Contextos
La democracia es del pueblo, pero no. El referéndum de Cataluña que España quiere negar
Por: Miguel Alejandro Rivera
La democracia es del pueblo, pero no. Hoy el mundo occidental demuestra, otra vez, que la política internacional está plagada de conceptos incluidos en lenguaje mas no en la vida social: libertad, justicia, igualdad, soberanía, son palabras que dicen mucho y que por ser tan importantes, como todo lo valioso, son posición de unos cuantos seres humanos que dominan el mundo.
La democracia no existe, o bueno, sí pero no. El primero de octubre, los catalanes buscaban celebrar un referéndum en el que se preguntara a los habitantes de esa región autónoma de España si estaban de acuerdo en la iniciativa independentista de su gobierno, comandado por Carlos Puigdemont, y su parlamento local, el cual aprobó con 72 votos a favor dicha consulta popular.
Los catalanes pretendían ejercer la democracia ante algunos preceptos históricos, que datan de la Guerra de Secesión española de 1714; bases políticas e ideológicas, fundadas en la autodeterminación de los pueblos y la enorme represión que su cultura vivió en los tiempos del franquismo, y en la idea de que la economía catalana está atrasada por las crisis provocadas por las gestiones del gobierno central.
El Estado español se opuso ya que el referéndum vulnera la constitución, pues en ella se establece que sólo el gobierno central puede convocar a este tipo de actividades. Pese a que varias encuestas públicas realizadas por la Generalitat (sistema de organización del gobierno catalán), arrojan que los catalanes no están muy convencidos de que la validez del referéndum sea del todo confiable sin el aval de Madrir, el gobierno central tomó medidas cautelares y se ha desatado una terrible ola de represión. Sí, allá, en el primer mundo.
La furia de los catalanes y la reprimenda oficial no son una novedad, en realidad son una olla exprés que hoy estalla y por fin muestra al mundo un conflicto más que añejo. La represión no sólo es violencia, sino también se ha presentado en no “dejar ser” a quienes no se identifican con la cultura “oficial” española.
En 2013, el legislador Joan Tardá subió a la tribuna de la Cámara de Diputados en España y dijo: “Ayer un tribunal dictó que en Cataluña que un solo alumno que pide el cambio de lengua al castellano, obliga a cambiar de idioma al aula entera. La mayoría del Partido Popular siempre ha sostenido que lo que vale en Cataluña vale en toda España. En lógico paralelismo, y en justa correspondencia, entendemos que un sólo diputado que exija en esta cámara un cambio de lengua al catalán obliga a cambiar de idioma a la cámara entera, así que con la venia voy a hablar en catalán”.
El presidente de la Cámara respondió: “Señor Tardá, le ruego que no provoque un conflicto innecesario cuando estamos en un tema tan importante. Si usted se obstina en hablar, me obliga a quitarle la palabra, yo le ruego que reflexione”. Al final, Tardá fue echado de la sesión parlamentaria bajo el amparo del artículo 104 del reglamento de la Cámara, el cual estipula que un legislador a quien se le ha llamado al orden tres veces, será echado de la Sesión.
Ese es sólo un ejemplo; sin embargo, los catalanes, como miles de pueblos, razas, y naciones en el mundo sufren el desdén a su cultura; a ellos, como mucha gente no se les permite ser y tienen que vivir incómodos bajo reglas que jamás acordaron seguir pero que son obligados a acatar porque cuando nacieron, las cosas ya eran como eran. Dice Giovanni Sartori que la democracia se alimenta de los ideales para luchar contra la realidad, una con la cual muchos individuos no se identifican.
El escritor norteamericano Henry David Thoreau se preguntó muchas veces el porqué tenía que acatar las reglas sociales, políticas y religiosas de su sociedad si él jamás había estado de acuerdo con ellas; sin tener que pensar forzosamente en Cataluña, pueblos como el chiapaneco se han levantado a lo largo de la historia por exigir un mayor reconocimiento a sus orígenes, en un mundo donde domina occidente.
Alguna vez, durante los conflictos entre México y Guatemala del Siglo XIX, Chiapas fue independiente, pero terminó por anexarse a México. En 1994 buscaron recuperar cierta independencia porque no se sienten parte de este país que el neoliberalismo a forjado, y pues… también fueron reprimidos. Los acuerdos de San Andrés son un formalismo que no se cumple y que quedó simplemente para la historia.
La democracia es muestra de civilidad, pero no. Países como Venezuela y Bolivia, acusados de tener gobiernos dictatoriales, practican constantemente la figura del referéndum; incluso en Cuba, ejemplo por antonomasia para las potencias de un gobierno que por muchos años fue represor de la participación ciudadana, siempre se celebraron elecciones locales, en una muestra de esa democracia que a ojos de los países dueños del mundo no es válida.
Las consultas populares en países de América Latina con regímenes de izquierda son una burla que no da muestra de participación ciudadana; la represión violenta de un referéndum en España, en el primer mundo, es simplemente la procuración de la ley y la salvaguardia de la democracia.
Gracias a la democracia sabemos que los gobernantes están respaldados por su pueblo, pero no. Hace algunos días Ángela Merkel ganó las elecciones para seguir en el cargo de Canciller de Alemania: iniciará su cuarto mandato desde 2005; en 2019, Bolivia celebrará elecciones presidenciales: de ser candidato y ganar, Evo Morales estaría comenzando su cuarto mandato. A personajes como él o como Hugo Chávez se les acusa de dictadores, pese a respaldar sus administraciones en comicios donde obtuvieron incluso más del cincuenta por ciento de los votos… De la política europea, casi no se dice nada.
Las potencias se han apoderado de la economía y la cultura, pero también de los conceptos y el lenguaje; para países como Rusia puede haber mandatarios que trascienden las generaciones bajo el manto de una extraña democracia, como Vladimir Putin, o el caso de los Estados Unidos en donde gracias a su sistema de colegios electorales, las mayorías eligen a uno pero su democracia hace ganar al otro.
En la democracia la voz del pueblo se respeta, pero no. Hoy los catalanes son tratados como niños, imposibilitados a opinar sobre su propio destino. Dicen que la sociedad moderna se rige por las mayorías, pero en estos momentos el gobierno central de España se niega a aceptar el “sí a la independencia” que según Puigdemont arrojó el referéndum; en México también la voz de la gente ha sido minimizada de manera sistemática: las muestras más cercanas: 1988, 2006 y 2012, años electorales en los que los mexicanos querían una cosa pero la oligarquía decidió otra.
Ya sea modificando los resultados o comprando el voto, también el pueblo mexicano ha sido tratado como un montón de niños que no saben decidir y por eso mejor políticos, empresarios e incluso fuerzas internacionales aplican su propia democracia, una que no debiera entenderse como “el gobierno del pueblo”, sino como “el gobierno de la aristocracia”.
Lo que hoy vemos sobre España en los medios de comunicación son golpes, refriegas y represión en uno de los países que juegan a la democracia bajo el irónico cobijo de una monarquía. En cualquier país del mundo puedes ser libre hasta que te contrapones al sistema: es ahí cuando el Estado, diría Max Weber, hace uso del monopolio legítimo de la violencia física para preservar, en este caso, su curioso concepto de democracia.

Seguridad pública, víctima de intereses políticos

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Foto de El País, jueves pasado. Atentado en Barcelona.

POR BASILIO ARÉVALO.- Enterados por la mediatez de la comunicación del siglo 21, la angustia se apoderó de miles de seres humanos en el planeta tras el atentado ocurrido en Barcelona. Una pregunta latía inquietante al ver tanta gente muerta y otra más heridas con los ataques; mas aún, sopesar la inexistencia de filtros de seguridad en pleno período vacacional veraniego.

La inquietud personal la responde el periodista extremeño José María Pagador, con 45 años de ejercicio profesional, quien explica sobre el hecho de cómo fue violentada la seguridad en La Rambla, en Barcelona.

Previo a su análisis viene a la memoria lo escrito por el poeta y dramaturgo Federico García Lorca. Este prosista español enamorado de La Rambla definió: “Es la única calle de la Tierra que desearía que no se acabara nunca… La calle más alegre del mundo. Una calle rica en sonidos, abundante de brisas y hermosa de encuentros, es la calle donde viven juntas, a la vez, las cuatro estaciones del año. Es la calle del mercado de las flores, donde la ciudad acude para cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza y donde acude agitando lágrimas y cintas en las coronas para sus muertos”.

José María Pagador ha publicado en diversos medios de comunicación en España; además, es autor y coautor de numerosos libros e impulsor de iniciativas culturales y sociales. También la televisión ha sido campo de trabajo para este cronista impenitente de Extremadura. Pagador es el director del portal ProProNews (Periodismo Personal de Profesionales Probados), conformado por periodistas jubilados y profesionales de otros campos que, por amor a la profesión, a la democracia, a la cultura y a la ciudadanía dan cuerpo a un proyecto sin precedentes en el mundo.

Cita el periodista el comunicado emitido por los Sindicatos Policiales de España. Lo propala días previos a los atentados en Cataluña, donde las fuerzas de seguridad se sienten repudiadas por el soberanismo y la Generalitat, y abandonadas por la autoridad central; “así lo prueba el hecho de nuestros bajos salarios, la falta de incentivos, el descenso constante del número de efectivos, por la gente que se marcha o se jubila y cuyas bajas luego no se cubren, dejando muy menguadas las plantillas”.

Así las cosas y en concomitancia con lo que el periodista Pagador señala, los cuerpos nacionales son los peor pagados del país, a pesar de que sobre ellos recae el peso de la seguridad pública, incluidas las comunidades que cuentan con policía propia. Es decir, a ellos es a los que más se les exige y, desde luego, los que ostentan un mayor nivel de eficacia.

En promedio, un guardia civil y un policía nacional cobra entre 900 y 1,000 euros mensuales menos que un ertzaina o un mosso, e incluso, menos que los policías locales de muchas zonas. En estas condiciones de precariedad –que no sólo afecta el salario, sino otras circunstancias de su trabajo—la Policía y la Guardia Civil mantienen a España “a salvo” del terrorismo y logran resultados de seguridad pública calificados entre los mejores del mundo. Pero esta situación no se puede mantener por más tiempo. Si todavía no se han visto afectados los servicios es por el sentido de la responsabilidad, el profesionalismo y la disciplina de los policías.

Cataluña, y en particular Barcelona, representan el mayor centro de radicalización yihadista en España. El ataque del pasado jueves 17 de agosto en Barcelona –que dejó 13 muertos y más de un centenar de heridos—y el de Cambrils, en el que cinto terroristas fueron abatidos por la policía y una civil murió puso de manifiesto un hecho que hacía tiempo era conocido por las fuerzas de seguridad españolas.

Cita el Informe Anual sobre Seguridad Nacional de 2016 elaborado por el Gobierno Español: “Cataluña es la zona en la que los procesos de radicalización detectados han sido más rápidos y cuya comunidad islámica se caracteriza por ser la más radical y con más vínculos con otros extremistas de Europa”.

Otro dato: De 2013 a 2016 han sido detenidos 113 personas por actividades relacionadas con el autodenominado Estado Islámico, más del 27 por ciento se produjeron en Barcelona; 30 por ciento, en Cataluña, según un informe elaborado por el Real Instituto Elcano, uno de los principales centros de estudios estratégicos de España. Según este documento, Ceuta y Melilla, ciudades españolas en el Norte de África, y Madrid, siguen a la capital catalana como principales escenarios de la radicalización yihadista en España.

Pero la elección de Barcelona y del famoso paseo de Las Ramblas como escenario del ataque brutal no fue casual desde el punto de vista organizativo. Tampoco desde el impacto mediático: entre las víctimas hay personas de 34 nacionalidades.

Resume el documento: “…Se sabía de la intención de perpetrar un ataque en Barcelona. Es una ciudad con mucho interés desde el punto de vista internacional y lo que buscan los atacantes en estos casos es un altavoz. Barcelona tenía todos los números en las quinielas para un ataque de esta envergadura”. (Reino de violencia… y miedo).